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SILOS INTELIGENTES
(Artículo publicado en el diario Ultima Hora de Paraguay el día domingo 25 de julio de 2010)

La reciente exposición rural, comercial y agrícola en Mariano Roque Alonso ha servido para demostrar las dos velocidades o mundos en los que se desenvuelve el ámbito productivo nacional. Por un lado, ha mostrado la vitalidad de los cultivos que requieren poca mano de obra, mucha máquina y bastante capital para convertirnos en uno de los cinco grandes productores de soja a nivel mundial. O en el campo ganadero con toros que han sido vendidos en más de 120 millones de guaraníes y que demuestran los avances en genética que han incrementado el volumen y el valor de la carne en los mercados internacionales. Pero también, la expo en sus contraste nos demuestra el otro Paraguay, ese integrado por más del millón y medio que vive en extensiones menores a las 20 hectáreas y que constituyen la fuente de empleo más grande de este país y que vive muchas veces en condiciones miserables por varias razones.
Una de ellas por la pobre educación que tienen y que se demuestra en el hecho que los conocimientos agrícolas de sus padres o abuelos han sido superados por el avance científico a nivel mundial de los últimos años. Si a eso sumamos que la mayoría de los extensionistas agrícolas solo han aumentado la burocracia del MAG y que sin recursos no hacen otra cosa que multiplicar los escritorios y sillas y, no el conocimiento acerca de lo que debería cultivarse, cómo y cuándo. Brasil anunció esta semana en su estilo habitual, que será “el granero del mundo” en la próxima década debido fundamentalmente a que la agricultura pasará a ser territorio de los países tropicales y no de los de clima templado. La euforia de Lula se respalda en los mismos elementos que describen la realidad agrícola del Paraguay. Grandes extensiones de tierra en manos de una maquinaria industrial a la que el conocimiento le ha agregado volumen y rentabilidad como nunca antes conocíamos.
Las distorsiones que genera un incremento tan grande de producción con sectores que viven aún en el siglo XIV más temprano que tarde generará lo que conocemos: pobreza, marginalidad, inequidad, violencia y pillería. Nadie quiere dedicarse a ser productivo en cultivos legales y la marihuana comienza a ganar espacios ante un estado absolutamente sobrepasado que no logra entender la dinámica y la velocidad de los cambios y y que responde con subsidios que ni contienen la pobreza ni vuelven mas productivos a millones. Claro que también los sectores educativos formales cooperan muy poco. Hoy un bachiller de zona rural desconoce los rudimentos de la productiva agrícola y las facultades de agronomía y veterinaria están concentradas en centros urbanos muy lejos de la realidad rural a la que deben servir y con las que se comprometen no solo en términos de compromiso sino de empleabilidad.
Si un japonés en media hectárea logra ser 100 veces más rentable que 100 campesinos paraguayos juntos, algo nos debe indicar que la cuestión de la tierra tiene un valor subsidiario al conocimiento que pueda aplicarse para sacarle rentabilidad. Mientras nuestro rezago educativo y la ausencia efectiva del estado en zonas rurales continúen, hay pocas posibilidades que los silos productivos estén amarrados al conocimiento que permita ser tan eficaces y prósperos como muchos extranjeros que en Paraguay siembran incluso en espacios menos atractivos potencialmente.
El debate y la acción que nos debemos pasan por lo tanto por agregar valor real a esos factores de la riqueza que hoy más que nunca son sirvientes de la inteligencia. Y esto hay aprenderlo rápido sino queremos padecer aun mas sus consecuencias.-
Benjamín Fernández Bogado
www.benjaminfernandezbogado.com