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LA INDUSTRIA CULTURAL EN UN PAIS AGRO PASTORIL

  Es harto complejo hablar de una “industria cultural” en un país como el nuestro que no ha conseguido aun ingresar, en varios aspectos de su economía,  en el siglo XVIII donde se gestó aquella gran revolución que transformo la relación del hombre con el hombre y de este con lo conocido hasta entonces con la maquina a vapor como estandarte tecnológico.

  Hoy vivimos en un mundo post industrial que ha generado la idea de una cultura global sostenida en sus “humeantes” estructuras industriales de la cultura que generan hábitos, modos y comportamientos a una velocidad nunca antes conocida. El teléfono transformado en medio de comunicación por excelencia, la utilización del celular como casi una extensión de la mano y la digitalización ya en marcha y cuyos efectos puede aumentar aun mas las brechas entre los sectores que pueden acceder a estos medios generadores y difusores de cultura de manera critica y aquellos convertidos en simples y ávidos consumidores. Es por eso que valdría la pena detenernos en el Paraguay para observar que el debate sigue muy lejano y deslumbrado por su aspecto de fetichismo tecnológico del contenido y de la generación de una forma de expresión propia y original que agregue diversidad acaso, uno de los elementos mas ricos y notables que occidente haya legado al mundo desde su conflictiva evolución política y social.

  Esta situación incomprensible por su rapidez e inatajable por su volumen nos ha llevado a refugiarnos en un lenguaje temeroso, cínico, evasivo y muchas veces soez. Los medios audiovisuales y en especial la radio que por su acceso mayoritario en un país con alto nivel de analfabetismo son demostrativos en la mayoría de su programación de alto rating con esa valoración del mundo acotado dramáticamente, casi como el lenguaje de los jóvenes expresado a través de la comunicación a través de los mensajes de celulares. Vivimos la peligrosa reducción de nuestro mundo verbal.

Demostrando que Wittgenstein cuando decía que “el limite de tu mundo era el limite de tu lenguaje” cobra sentido dramático en el país. Hay una evasión en el insulto, un desprecio a la discusión de las ideas, un elevamiento del quien sobre el que, una base analítica pobre que genera al mismo tiempo en una nación sin genética democrática una notable frustración y escaso entusiasmo hacia esta forma de estado derecho como lo sostiene el informe del PNUD sobre el estado de las democracias en América Latina dado a conocer en marzo del 2004 en Lima.

  No es de extrañar por lo tanto que el lenguaje sea una de las primeras victimas de esta ausencia de debate sobre el concepto de la cultura como elemento dinámico y dinamizador al mismo tiempo de la democracia y de agitación en la idea de libertad en su acepción creativa, lúdica y de responsabilidad personal y social. Creo que nuestros medios de comunicación han decidido sobrevivir a los cambios antes de procurar entenderlos, han reducido su compromiso social a una manera primaria donde las interjecciones y el insulto prevalecen sobre la capacidad de construir dialogo y llegar a consensos que es su fase mas elevada incluso se ha bastardeado la idea de cultura hablándose de una “cultura de la corrupción” como alto innato a la esencia del ser paraguayo.

MEDIOS EN CRISIS Y CRISIS DE LOS MEDIOS

  La perdida de audiencia es suficientemente sintomática no solo de la larga crisis económica del país ( 20 años continuados de depresión económica) sino de la incapacidad de construir vínculos en la comunidad que le den sentido a la democracia reducida en la formulación matemática de John Dewey que comunidad mas comunicación era igual a democracia.. Los medios no han logrado cohesionar a la comunidad al contrario han incrementado su capacidad divisiva sostenida en la evasión cínica y en la formulación de una alternativa comercial donde lo que importa es sobrevivir como fuera antes que prestar un servicio publico. Acaso como Mariñas lo provoca en el titulo de su libro “Ética para náufragos” tendríamos que afirmar que tenemos medios de comunicación en medio de un tsunami de impacto inconmensurable al que no se ha podido dimensionarlo ni contenerlo para nada.

  El estado no logra concretar políticas culturales porque es parte del problema y al mismo tiempo se encuentra en el ojo de este terremoto al que tampoco puede dimensionar y trabajar para mensurarlo o reducir sus costos o sacar ventajas. El estado carece de recursos humanos para comprender esta tercera gran sacudida que se dan en el mundo como lo afirma Ramonet quien encuentra en el renacimiento primero y en la revolución industrial después las dos referencias anteriores. No tenemos  la riqueza fundamental de una nación en los tiempos actuales que nos permita entender primero el tiempo que nos toca vivir para después articular proyectos que permitan valorizar y  profundizar nuestra cultura  en el animo de ofrecerla al mundo como una opción atractiva y valida que nos haga ganar en autoestima y que lleve a la valorización de la democracia como un sistema político de oportunidades.

   El estado solo mira el devenir sin comprender que no hay futuro y quizás tampoco estado a corto plazo sin conocimiento. Acaso la urgencia con que Einstein ya lo decía en la década del 40 cuando afirmaba que los países que no invierten en educación en conocimientos es probable que se queden con hermosos litorales marítimos, ruinas, montañas y algo de selva pero no se quedan ni con las mismas banderas, ni con los mismos himnos y menos aun con las mismas fronteras. No entender esto es de suicidas.

  La ausencia de una política de incentivos a la difusión cultural como lo afirma la Constitución en su articulo 83 y como se comprobó en la nueva ley impositiva que habiendo pasado el impuesto a la renta personal no ha colocado un solo articulo que promueva un compromiso del sector privado hacia las  manifestaciones y creaciones culturales como se ha dado de manera dinámica en otros países del mundo. Y conste que la ley fue impulsada  durante la administración de un ministro de hacienda que debe gran parte de su educación a esos fondos en EEUU.

  No hay incentivos, no hay toma de posición ante lo que significa la promoción de la cultura y por lo tanto los esfuerzos aislados no son suficientes para sostenerlos en el tiempo. Los medios de comunicación audiovisuales pasan por una caída estrepitosa de su facturación comercial en coincidencia y resultado de la larga depresión económica, la calidad de su oferta de programación  y en ese marco es evidente que  los medios solo procuran sobrevivir reflejando mas los alaridos de los náufragos sin tiempo ni forma de articular nada serio, sostenible y realizable en el tiempo.

  El estado debe entender que sin cualificación interna se juega su propio destino como el país que debe entender lo que es  una industria cultural sin haber tenido el impacto de la imprenta, revolución industrial y entrando sorprendido a una revolución post industrial para la que se carece de ideas, compromisos y capacidades y a la que veces muy repetidamente nuestros lideres politicos buscan refugiarse en la vision onírica de una escena pastoril inexistente como el retorno al paleolítico donde según Octavio Paz en su laberinto de la soledad fue el único tiempo en que hombre fue feliz.

  Desde ese concepto, la política cultural que debe emprenderse de inmediato es reformar la ley de adecuación fiscal para convertirla en un incentivo para la creación y difusión de la cultura al tiempo de cualificar los recursos humanos que puedan sacar partido de un tiempo donde el no darse cuenta de los cambios implica serio riesgo para la sostenibilidad de la idea soberana de nación a corto plazo.-

Benjamin Fernandez Bogado
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